Luego de tantos años en la B, y una que otra temporada de regreso intermitente en la A en los últimos años, y el retorno inmediato a la segunda división, sin pena ni gloria, han hecho de la imagen histórica de un Unión Magdalena como equipo difícil, aguerrido y fuerte en su casa, se diluyó en pésimas campañas, con malos equipos y una directiva sin aspiraciones.
A pesar de todo lo desastroso que ha sido los fugaces retornos a la A, el Unión Magdalena sigue manteniendo una adicción noble y fiel, que lo apoya y lo sigue a pesar de las directivas, de malos entrenadores y malos jugadores, y sobre todo, ante los malos resultados.
El Unión Magdalena sigue siendo de Santa Marta, ahora más que nunca, no hay afición más allá de la ciudad, tal vez solo algunos en Ciénaga, pero ya se perdió todo el recuerdo de aquellas gestas del equipo samario, que derrotaba a los grandes en el Eduardo Santos, apoyado por barras de Ciénaga, Tucurinca y de la Guajira.
No hay afición, ni sentido de pertenencia del Magdalena por el equipo, y no es gratuito que la mayoría de la región ahora apoye al Junior de Barranquilla como mejor equipo de la Costa.
Lejos quedaron ya las aspiraciones de un equipo grande, cuyos directivos viajaban a Brasil para ver y contratar jugadores como Cuarentinha, que contrataban jugadores de primera, que luego otros equipos envidiaban y buscaban quitárselos al Unión Magdalena en la siguiente temporada.
Santa Marta sigue ahí, en espera de mejores directivos, porque afición y jugadores tiene, Pero hace falta hambre de buscar un campeonato, y esa es la que le falta a los directivos que se han conformado con tener la mentalidad de tener a un equipo chico y de últimos puestos de la tabla.